Hay algo irrepetible y magnético en los OVAs de finales de los noventa: esa mezcla de animación cel hecha a mano, bandas sonoras cargadas de pop melódico y una libertad narrativa desvergonzada que hoy en día rara vez encontramos. Sotsugyou M: Ore-tachi no Carnival es el perfecto exponente de esa era dorada, una joya retro que abraza la comedia escolar con frescura, carisma y una desfachatez absolutamente irresistible.
Cinco chicos, un engaño y el escenario más inesperado
La premisa es un detonante clásico que nunca falla en sacar sonrisas: en un estricto internado masculino, el quinteto protagonista formado por Kato, Shimura, Arai, Nakamoto y Takagi destaca por su energía desbordante y su constante desafío a la rutina. Sin embargo, su astucia encuentra un rival implacable en el maquiavélico presidente del consejo estudiantil, quien, mediante una trampa magistral, los arrincona con un castigo digno de recordar: deberán montar y protagonizar una adaptación teatral de la clásica novela Mujercitas (Little Women).
Ver a cinco adolescentes orgullosos y rebeldes verse forzados a repartirse los papeles de las hermanas March da pie a un torbellino de enredos, egos heridos, ensayos desastrosos y momentos de travestismo teatral que funcionan a la perfección dentro del marco de la comedia física y situacional.
El legendario carisma del grupo E.M.U
Más allá de su delirante premisa, el verdadero corazón de Sotsugyou M reside en la química palpable de sus protagonistas. No es casualidad: detrás de estos personajes se encuentra E.M.U (Entertainment Music Unit), una de las agrupaciones de seiyuus más legendarias de los 90, compuesta por colosos de la industria de la talla de Hikaru Midorikawa, Ryotaro Okiayu, Nobutoshi Canna, Hideo Ishikawa y Daisuke Sakaguchi.
- Kato: El líder carismático cuya compostura suele ser la primera en quebrarse ante el ridículo.
- Shimura: Rebelde, impulsivo y con una presencia escénica hilarante cuando el orgullo le juega malas pasadas.
- Arai: La elegancia y la serenidad puestas a prueba en el escenario.
- Nakamoto: El toque de sensatez que siempre termina arrastrado por la locura colectiva.
- Takagi: Pura chispa y dinamismo juvenil que desestabiliza cualquier ensayo.
La complicidad real entre estos actores de doblaje traspasa la pantalla, dotando a cada línea y a cada choque de personalidades de una naturalidad y una fuerza cómica que se siente genuina de principio a fin.
Nostalgia visual y ritmo impecable
Visualmente, el OVA es un deleite para los amantes del estilo bishounen clásico de finales del siglo XX. Con un diseño de personajes estilizado, líneas expresivas y una paleta de colores cálida y nostálgica, la producción sabe cuándo acelerar el ritmo para enfatizar el humor slapstick y cuándo pausar para subrayar la camaradería sincera que une a este grupo de inadaptados.
Veredicto: Una cápsula del tiempo imprescindible
Sotsugyou M: Ore-tachi no Carnival no pretende reinventar la rueda, pero tampoco lo necesita. Es un festejo puro de juventud, amistad y absurdo teatral que se disfruta con una sonrisa permanente. Si buscas una comedia ligera, con el encanto visual inconfundible de 1998 y la oportunidad de escuchar a cinco leyendas del doblaje japonés divirtiéndose como nunca, este carnaval escolar es una parada obligatoria en tu lista retro.