En la era dorada del formato OVA de finales de los años 80, la animación japonesa gozaba de una libertad creativa absoluta y presupuestos envidiables. De esa vorágine de celuloide humeante y sintetizadores nació Dominion (también conocida como Dominion Tank Police), una joya desquiciada concebida por la prodigiosa mente de Masamune Shirow, mucho antes de que el mundo se rindiera ante su obra magna, Ghost in the Shell. Si alguna vez te has preguntado cómo se vería una distopía cyberpunk combinada con comedia slapstick desvergonzada y tanques sembrando el caos en nombre de la ley, bienvenido a Newport City.
El caos motorizado como doctrina policial
Newport City es una urbe tóxica, decadente y criminalizada donde el aire es tan venenoso que la población vive al borde del colapso respiratorio. Para contrarrestar la violencia desatada, el departamento de policía cuenta con su división más controvertida y destructiva: la Tank Police. Su lema tácito parece ser destruir la mitad de la ciudad para salvar una manzana. En medio de este escuadrón de cafres armados hasta los dientes aterriza Leona Ozaki, una novata apasionada cuyo amor por los vehículos blindados bordea lo enfermizo y lo entrañable.
Leona no tarda en revolucionar a la brigada construyendo a Bonaparte, un mini-tanque ágil, personalizable y mortalmente eficiente que desafía la filosofía de los pesados tanques estándar. La relación entre Leona y su máquina es el corazón palpitante de la serie: no es solo armamento militar, es una extensión de su carácter rebelde y justiciero.
Carisma desbordante: Buaku y las Puma Sisters
Una gran historia de acción se define por el calibre de sus antagonistas, y aquí Shirow nos entrega oro puro. La Tank Police debe enfrentarse a Buaku, un criminal con más capas de misterio de lo que parece a simple vista, y a sus leales lugartenientes: Anna y Uni Puma. Estas letales y acrobáticas gemelas androides no solo son pioneras del arquetipo de las catgirls en el anime moderno, sino que protagonizan algunas de las mejores escenas de combate cuerpo a cuerpo y coreografías disparatadas de la producción.
¿Por qué Dominion es una obra de culto indispensable?
- Animación analógica de primer nivel: La era pre-digital brilla con luz propia gracias a explosiones dibujadas a mano, detallismo mecánico impecable y una fisicidad en los impactos que el CGI contemporáneo rara vez logra replicar.
- Equilibrio perfecto entre sátira y acción cyberpunk: A pesar de su atmósfera cómica y gamberra, la obra lanza dardos mordaces sobre la brutalidad policial, la contaminación industrial y la deshumanización urbana.
- Identidad visual arrolladora: El diseño de personajes y mechas característico de Masamune Shirow rebosa personalidad, líneas dinámicas y un estilismo ochentero que sigue sintiéndose vibrante y fresco.
Veredicto
Dominion es adrenalina pura, desenfado y amor por la animación en su estado más explosivo. Es un recordatorio vibrante de una época en la que el anime no temía ser sucio, estridente y ridículamente divertido. Si buscas acción trepidante con olor a pólvora, gasolina y el encanto inconfundible del clásico cyberpunk, montarte en Bonaparte junto a Leona Ozaki es una experiencia obligatoria.